El episodio de agresión verbal e intento de agresión física entre aficionados, cuerpo técnico y jugadores de Llaneros FC, que se vivió el pasado 20 de febrero en el estadio Bello Horizonte al final del partido contra el Independiente Medellín; es un ‘campanazo’ de alerta para detener y erradicar el asomo del fenómeno de la violencia que apareció alrededor del fútbol profesional en Villavicencio.
Es bueno decir que, en el plano estrictamente deportivo, los aficionados tienen ‘derecho’ a reclamar, porque finalmente ellos son los que pagan una boleta para disfrutar un espectáculo. Sin embargo, hay formas…y la que es inaceptable es, definitivamente, la que conlleva signos de violencia.
De ninguna manera, el insulto, la grosería y el lenguaje ofensivo son la vía para ese reclamo. Más bien, representan una manera en que los aficionados descargan contra los protagonistas del espectáculo (futbolistas, técnicos y árbitros) sus problemas y frustraciones emocionales en una tribuna. Menos aún, se puede aceptar que esos aficionados se dediquen a ofender a los familiares de esos protagonistas.
Pero en el otro lado están los mismos protagonistas, que como es previsible, responden en muchos casos como mecanismo de defensa a las provocaciones, terminando por completar el círculo de violencia en los estadios.
Estamos empezando a cruzar límites y por eso resulta más que oportuno llamar la atención, primero, a los aficionados para que entiendan que la violencia no es la vía; y segundo, a las autoridades para que actúen y ERRADIQUEN de una vez y antes de que se crezca el ‘monstruo’ y que afecte al fútbol regional, sea a nivel profesional o aficionado.

